// Barranquilla, Colombia

YO
NACÍ
EN
EL PRADO

10°59'52.8"N 74°48'30.6"W Mi historia & arte en prendas y prints. Hecho en el Prado, Barranquilla, Colombia.
// Catálogo

La colección

Luis Fernando Llanos · Yo Nací en El Prado
// El artista

Luis Fernando
Llanos Lobo

Barranquilla, Colombia · Arquitecto · Artista · Docente · LFLL
"Este proyecto ha estado por más de 20 años en mi cabeza. Mentalmente había diseñado cada pieza que lo compone."
— L.F.LL.L.

Arquitecto y administrador de empresas egresado de la Universidad Autónoma del Caribe. Artista empírico y docente universitario durante dos décadas. Creció en el Barrio El Prado de Barranquilla — en una de esas casas que hoy ilustra en sus obras.

Su formación en arquitectura le enseñó a leer los espacios y a entender cómo la casa moldea a quien la habita. Su vida en El Prado le enseñó el resto.

"Yo nací en el barrio El Prado, de Barranquilla" nació como un proyecto para preservar la memoria colectiva del barrio y dejar plasmados los recuerdos de quien lo vivió desde adentro. Durante más de veinte años Luis Fernando fue enriqueciéndolo mentalmente — añadiendo elementos que encontraba: documentos familiares, fotografías antiguas, partituras, todo lo que evocaba la Barranquilla de principios del siglo pasado.

Cada imagen fue concebida como una intervención artística sobre la arquitectura: la casa como lienzo, la historia de la familia como narrativa, y el Caribe — sus flores, sus pájaros, sus colores — como contexto irreemplazable.

Cada pieza esconde una historia personal. La Casa La Perla incluye un documento de 1886 con las órdenes impartidas a su bisabuelo Hermógenes Llanos de marchar con su ejército hacia Ciudad de Panamá. La Casa De La Rosa lleva partituras de piano de la melodía 'María Luisa' de 1904, dedicada a su abuela.

Los árboles rojos que aparecen en varias piezas son la acacia de flores rojas del jardín de su casa paterna — la que alegraba a su madre cada vez que florecía. Los goleros que vuelan son los mismos que observaba desde la terraza en su infancia.

La Casa La Emilia es una de las pocas casas emblemáticas que ha sobrevivido sobre la acera sur del bulevar de la carrera 54. Para Luis Fernando tiene un significado especial: en su terraza exterior pasó largas noches de charlas con Luciano Fernández y otros amigos de la cuadra.

El cuadro la retrata con un cielo negro que resalta las flores de trinitaria —infaltable en todos los jardines del barrio— y la silueta de los goleros que lo inspiraron desde niño. Una colorida verja le da equilibrio a la composición.

El estilo de Luis Fernando mezcla el dibujo arquitectónico de precisión con el collage digital de libre asociación. Sobre la fachada dibujada se superponen elementos que no tienen por qué estar juntos cronológicamente, pero que sí conviven en la memoria: flores de lluvia de oro, peces koi, mariposas monarca, ángeles barrocos, personajes de cómic, documentos históricos.

No es nostalgia pasiva. Es una arqueología visual activa — una forma de decir que esas casas, esas familias, esas historias, merecen sobrevivir en algún lugar.

// El barrio
"
Lo más importante no son las casas, ni la arquitectura, ni el patrimonio. Lo importante es lo sublime, lo sutil, los pequeños detalles de mi historia, de todas las historias de los que pasaron por ahí.

Yo Nací es mi vida en recuerdos.
Yo Nací nació de lo que siento, y todo lo que quiero hacer sentir.

01
Arte

Ilustraciones originales que mezclan arquitectura patrimonial con collage digital. Cada casa del Prado, una historia distinta.

02
Barrio

El Barrio El Prado de Barranquilla como protagonista. Sus casas republicanas, sus cerramientos, sus flores — todo convertido en obra.

03
Memoria

Arte que preserva la memoria de un barrio y una infancia. Cada prenda o print es un pedazo del Caribe que puedes llevar contigo.

El 12 de marzo de 1920 se constituyó formalmente la Compañía Urbanizadora de El Prado. El empresario estadounidense Karl C. Parrish adquirió los terrenos de una antigua finca ganadera en la parte más alta de la ciudad, con vista al río Magdalena y arropada por las brisas permanentes de los vientos alisios.

Fue la primera urbanización de Colombia en aplicar los principios del urbanismo moderno: calles trazadas, parques, andenes arborizados, y lotes vendidos con la condición de entregar el espacio público terminado al municipio. Un referente en toda Latinoamérica.

Las casas del Prado siempre fueron llamadas por los apellidos de las familias que las habitaban. Casa Mendoza, Casa De La Rosa, Casa Emiliani, Casa Cuervo, Casa Ballestas — cada nombre es una historia de la Barranquilla del siglo XX.

La Casa De La Rosa fue la primera construida en el barrio y residencia original de la finca. Fue inspiración directa para que Karl Parrish emprendiera toda la urbanización. Su arquitectura neoclásica, con columnas, arcos y cerramientos ornamentados, marcó el estilo que definiría al barrio entero.

Crecer en El Prado era habitar un mundo propio. Los jardines y antejardines tapizados de grama perfectamente cortada, las plantas y flores del Caribe como telón de fondo. Un ritmo de vida sencillo y tranquilo, cerca al río y al mar.

Luis Fernando lo recuerda así: acostado en el piso de la terraza, mirando al cielo, creando figuras con las nubes, observando el vuelo de los goleros. Podía estar horas así. Era su plan preferido sobre todas las cosas. Ahí aprendió a soñar.

En 1993, El Prado fue declarado Monumento Nacional por sus valores históricos, arquitectónicos y urbanísticos. Es uno de los pocos barrios de Barranquilla que conserva casi intacta su estructura original después de más de cien años.

Por sus calles caminan hoy turistas, estudiantes e investigadores de todo el mundo, fascinados por las casonas y los detalles que en cada esquina cuentan una historia. "Cada vez que una casa del barrio es reformada para otro fin, un pedazo de su historia desaparece", dicen quienes lo conocen de toda la vida.

El arquitecto Luis Fernando Llanos Lobo creció en una de esas casas. Su proyecto nació de la necesidad de plasmar esos recuerdos antes de que desaparezcan — las casas de su infancia convertidas en lienzo para narrar pequeñas historias del barrio.

Cada pieza mezcla la ilustración arquitectónica con el collage digital: flores de lluvia de oro, peces koi, mariposas monarca, ángeles barrocos, partituras de piano. Arte que puedes llevar contigo. Un pedazo del Prado hecho prenda.

// Las memorias · 31 memorias

Uno de mis más grandes
tesoros son mis recuerdos.

Tres años escribiendo sobre ellos para no olvidarlos.

Capítulos
Intro
Mi niño

El mameluco amarillo pastel

Intro
Mis Tenis Panam · Yo Nací en El Prado
"Esta y otras historias me han acompañado siempre en mi andar por el Prado — siempre amable, seguro y con infinidad de formas de pasarla bien sin tener que salir de él."
— Luis Fernando · @yonacienelpradobq
// La historia detrás del símbolo

Mis Tenis
Panam.

Barranquilla · Años 70–80 · Colegio Sagrado Corazón · Carrera 58

En mi infancia y adolescencia sólo tenía dos pares de zapatos de uso cotidiano: los zapatos para ir al colegio de estricto cuero de cualquier color y embetunados, porque era requisito para poder entrar al colegio Sagrado Corazón de la calle 74, y mis zapatos tenis blancos PANAM.

Estos zapatos los recibía blancos inmaculados, anudaba en el zapato izquierdo la llave de entrada a mi casa para que no se perdiera ni quedara nunca; privilegio que recibí a muy temprana edad, quizás a los 10 años, y orgulloso llegaba al colegio el día de gimnasia, que era el único día que podíamos llevar tenis puestos…

Ahí comenzaban los problemas. Ese mismo día los compañeros se encargaban de "bautizarte" los tenis, te los pisaban diciendo: "estrene"…Eso daba rabia, pero a la tercera hora de clases ya poco importaba y dejaban de ser blancos.

En las tardes si querías salir, subirte a un árbol a comer mangos, ciruelas, guayaba, níspero, perita, caimito, cerezas, anón (y otras que no vienen al tema), si debías salir a realizar una tarea o simplemente reunirte con tus amigos lo primero que hacías era ponerte tus tenis.

Esos tenis aguantaban el uso y abuso de unas vacaciones de mitad y fin de año (que antes si eran largas), de más de dos meses, ¿Lavarlos? ¿Cómo? y que te ponías para seguir jugando? No había opción, seguían adheridos a tus pies desde la mañana hasta la noche. Soportaban bastantes partidos de bola de trapo, buscar bolas de golf en los lagos artificiales de los campos del country (luego hablaremos de eso) y sentarte a tomar gaseosa en la tienda de la esquina.

Estos, ya para fin de vacaciones estaban rotos por debajo igual que la tela, de tanto patear bola, y sucios por falta de lavado. Cuando ya no dieron más, los amarré por los cordones y los puse alrededor de mi cuello.

Llegué donde mi papá: "Papá, necesito nuevos tenis, estos ya están inservibles", y se los mostré tratando de despertar una respuesta como "Dale vamos ya y te compro unos Croydon de última generación", pero no fue así, dijo: "Sigue usándolos, ya casi entras al colegio y dañas los nuevos, el día antes de entrar te compro otra vez tus zapatos Panam igualitos a los que tienes". No lo podía creer, no creía justa su apreciación, pero sabía que con mi papá no se negociaba, era no y punto como él bien decía.

Salí con rabia de la casa, descalzo, y los zapatos aun en el cuello. Mi reacción fue lanzarlos al cielo, justo donde hay un cable que le da energía a la casa, y para mi mala suerte quedaron enganchados en él. No lo creía, sabía las consecuencias de esto… Ahora un par de zapatos viejos y rotos adornaban la entrada a mi casa.

Me la tiré de bobo, regresé a mi casa y me monté en el árbol de mango a esperar que algo divino sucediera, pero no, al rato solo se oyó mi nombre, a pagar consecuencias se dijo. Mis papás estaban indignados. Bajarlos, imposible… Ese cable era intocable, siempre nos lo hicieron saber (todo podía suceder, menos tocar ese cable). Me gané un castigo de varios días sin salir y sin tenis, andaba en pantaloneta y zapatos de cuero bien embolados por toda la casa.

Para colmo de mis males, sucedió un evento que agravó la situación. Al día siguiente pasó por el boulevard de la carrera 58 la conocida y esperada caminata PANAM, que se hacía todos los años… y ¿cuál fue la sensación? Mis zapatos colgados en el cable, creo que ese día no bajé del árbol de mango ni al baño, y ni pensar en una tregua en mi castigo.

Al quedar allí colgados, quedó mi llave de entrada a la casa, la cual duraron mucho rato en darme otra vez. Me tocó usar el timbre como a cualquier cristiano. Final de la historia, me compraron mis nuevos Panam 1 día antes de entrar al colegio y los zapatos colgados creo que duraron más de 1 año hasta que se dañaron los cordones y cayeron por fin.

Esta y otras historias me han acompañado siempre en mi andar por el prado siempre amable, seguro y con infinidad de formas de pasarla bien sin tener que salir de él. La vida se te hacía más simple, no había preocupación alguna diferente a estar pendiente de la hora de salir de casa y la hora de regresar a ella. Fueron años maravillosos.

// Testimonios

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Yo Nací en el barrio El Prado de Barranquilla

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